jueves, diciembre 24, 2009

Un piscolabis

A mi buen amigo Jesús.

Vacié mi copa y me serví otra, tomando la botella de ron de la mesa en la que estaban todas. El ponche se servía aparte, en otra mesa especializada para ello, que tenía, además, lo que parecía un gran banquete repartido en cuencos pequeños de los que todos picarían más adelante. Un piscolabis que esperaba silenciosamente a su invitado de honor. Allí estaban todos esperando, todos los autores de los que había sabido alguna vez en mi vida, en mi infancia y en mi pubertad, todos reunidos. Era una estampa bastante curiosa. En unas sillas adaptadas, Rimbaud limpiaba con esmero un rifle turco y canturreaba una canción que nunca nadie había oído antes; Samaniego y Leandro Fernandez de Moratín charlaban con Sócrates y Esopo. Chèjov parecía aburrirse, sólo al acercarse a la reunión del juego de rol pareció entretenerse un poco. Allí estaban Saint-Exùpery, Ende, Lovecraft y Andersen jugando, Tolkien era el máster por aquella vez. Asimov, Verne y Oparin hablaban sobre el origen de la vida, se habían alejado del grupo porque Tolkien les aburría. A ellos se les unía Stephen Hawking, sostenido por sus propias piernas, con una luz en la mirada y una amplia sonrisa en la cara. Platón se acercó un momento para alejarse cabizbajo, trataba de alejarse de la mirada atenta de Sócrates, e intentó unirse al corrillo que formaban Lao-Tzu, Bodhidharma y Osho. Confucio estaba a la mesa, sólo ahora que Fernandez de Moratín y Molière lo habían dejado, y no permitía que nadie se acercase hasta que llegara el invitado especial; Gogol refunfuñaba y Confucio no había podido evitar que se hiciera con un par de botellas de aguardiente y que las despachara rápidamente en compañía de Joyce y Miguel Hernández, que había dejado a Baroja pensativo en una esquina. Thoreau estaba harto de tanta intelectualidad; había salido de la acalorada discusión entre Nietzsche y Descartes y por una vez en la vida había visto rojo de ira a Kant y marcharse silenciosamente pero lleno de rabia, de forma que se alejó de éste también y se puso a regar con amor una planta que había visto salir del suelo blanquecino. Hemingway pasaba el brazo por el hombro a Hesse y le ofrecía un mojito bien aderezado, en aquel tiempo y lugar de inmortales, Hesse no sentía angustia ni desesperación, y gustaba de compartir momentos con éste y con Graham Greene. Mahoma había decidido alejarse de aquel grupo y sopesaba unirse al juego de rol o a la reunión de los orientales, Omar Khayyam lo señalaba y se burlaba. Khalil Gibrán estaba a su lado, sin decir nada, y lanzó una mirada pensativa a Kafka y a Borges, que hablaban animadamente de religión. Huxley se vio muy interesado y dejó su charla con Wells para otro momento. Tagore y Kipling se reían a mandíbula batiente con los chistes de Wilde, también Quevedo, que había soltado otra tanda distinta, apoyado por Pérez-Reverte y Larra. Buchan empezó por echarse atrás, pero finalmente empezó a reírse también. Todos, todos estaban. Había muchos más, estaban allí Shakespeare y San Juan de la Cruz, y Haggard y Kierkegaard y Miguel Mihura y Pedro Muñoz Seca, que seguían contando chistes, pero que no entretenían a Kierkegaard, que había perdido el apoyo de Kafka ahora que se sentía libre y cómodo y la angustia no tenía sentido; sólo le quedaba charlar y jugar a las damas y al ajedrez con Khayyam y Hawking. Y Lope de Vega y Kavafis y Calderón de la Barca y Zorrilla, y miles de autores más, Buda sonriente y charlando con Tenzin Gyatzo y Philip Glass, que había sido invitado desde la Sala de los Autores Musicales, Stephen King que dibujaba en el vacío notas desgarradas inspiradas en Lovecraft que había conseguido un crítico con su Cthulhu contra un Balrog de nivel 22, Bach y Mozart y Rimsky-Korsàkov y Tchaikovsky y Häendel y por otra parte Vermeer junto a Rembrandt y los Cranach y Velázquez, y miles y miles y millones más, en una gran comunidad, unidos y enlazados, hablando y charlando y bebiendo alegremente, pero siempre, siempre, ante las mesas, había como una pantalla invisible, que les impedía comer nada hasta que llegara el invitado principal. Mucho estaba tardando, mucho se retrasaba, o eso pensaban los más bárbaros, Gogol, que se tambaleaba, se puso a cantar en voz alta canciones de cosacos que ya no ofendían a nadie ni interesaban a nadie porque ya no necesitaban creer ni en cosacos ni en Francia ni en España ni en la angustia ni en los judíos ni en nada. Hítler estaba irreconocible; hacía tiempo que había perdido perdón a Ana Frank y a Hesse y por lo que jodió de forma directa e indirecta a todos los autores posteriores y a Miguel Hernández, y ahora disfrutaba en compañía de Mendelssohn y de Einstein y de Kafka, y sólo interrumpía sus charlas para disculparse y traer bebidas para todos, siguiendo el ejemplo de Algernon Blackwood, que mucho antes que él se había arrepentido profundamente de insultar a los indios y había hecho buenas migas con Sedna en el Salón Mítico y se maravillaba de los poderes de Mujer Cambiante y aprendían todos en compañía de todos y bebían a gusto y jugaban juntos, y en esto que van, y vienen, y unos se pasean y otros se acercan y otros se van, y pasan ante mí cientos que no conozco y nunca he conocido, y Poe, con el que nunca había hablado, me dirige una mueca de complicidad, en sus manos hay una copa de cerveza de dátiles que le ha echado Ptolomeo, Nefertiti le habla de Nubia y Menelik se ríe a su lado, un par de invitados de la Comuna de Líderes. Y en esto que Rubén Darío, tal y como nos tiene acostumbrados, abre las puertas de la catedral de golpe y se hace el más absoluto silencio, roto oportunamente por los balbuceos de los borrachos mongoles y vikingos, y grita a pleno pulmón: ¡Ha muerto un mito! Y de repente se hace la mayor de las algarabías, todos corren y se precipitan y se ríen y exclaman con grandes muestras de alegría, y ya hasta Confucio olvida las formas y se mete medio racimo de uvas en la boca, todos ríen y saltan y se felicitan y se dan palmas en el hombro, y todos, todos, todos, levantan sus copas llenas con gran ánimo, cuando las puertas se abren y entra él, uno más, con el que compartirán muchos más momentos de alegría, para toda la eternidad.

Para toda la eternidad.

lunes, diciembre 21, 2009

La valía de la construcción humana


Hay mucho escéptico visceral en este mundo. Gente que gusta de derribar teorías ajenas, sueños, anhelos y esperanzas ajenos. Para ellos, todo está muerto, la música, la poesía, la filosofía, la historia. Algunos, como Camus, se dolieron de que ésto ocurriera y desahogaron su tremenda inquietud en libros oscuros, de alto valor pero exentos de la carga idealista que había acompañado a los autores hasta la Primera Guerra Mundial. Muchos escarbaron y buscaron, más allá de toda la carga cultural, como Nietzsche, pero como ya he mencionado antes, la carga idealista acompañó prácticamente a todos hasta la Primera. En Nietzsche hay una voluntad de renovación, de deconstrucción para una posterior reconstrucción del alma humana; su filosofía no se dedica a encauzar el curso del progreso o de la construcción del ser humano, sin embargo, y es en ésto en lo que, por una parte, se quedó corto (pues su particular y revolucionaria visión podría haber dado lugar a un cuerpo de ideas bastante constructivo), y por otra parte, no se equivocó (no hay error en negar o en permanecer escéptico, es una postura muy poco arriesgada, pero en mi opinión, muy triste).

Yo era uno de esos escépticos. Amaba y sigo amando a Wilde, me encanta como destruye toda la idealización de la sociedad victoriana. También a Kafka, a Camus, a Nietzsche y a un sinfín de autores que abanderan, de forma callada, asignada o por voluntad propia, el nihilismo más acérrimo. Pero ya no me gusta el nihilismo. Es un callejón sin salida, es una pérdida de tiempo en salir de un laberinto en el inevitablemente estamos metidos, es la forma de alabar la peste ("La peste") de este mundo. En nuestra época, muchos autores trataron, en vano, de buscar nuevos ideales; en esto el redescubrimiento de Oriente hizo mucho. Philip Glass (que todavía no ha escrito un sólo libro, sin embargo, su modo de expresión está en la música) vivió en el norte de la India. Los poetas de la generación beat y el descubrimiento de las drogas de diseño marcaron una nueva contracultura que abogaba por nuevos espacios personales. Era muy bonito, sí, pero ya en los ochenta la cosa empezaba a decaer, y con los punkies (non futur) se vuelve a la pérdida de un camino que seguir. Hoy en día, con el bloque soviético caído, Cuba sumida en la miseria y China que ha llegado a ser un Imperio regido por leyes crueles e injustas que se alejan mucho de la sociedad utópica de Mao (a Vietnam ni se le escucha), se han perdido los últimos resquicios de idealismo, las sociedades del bienestar están más que construidas y maduradas, y muchos jóvenes sienten que ya no hay nada por lo que luchar. Tanto es así, que sólo errores políticos muy evidentes (como la guerra de Irak) motivan a la gente a salir a las calles. Y ni siquiera eso.

¿Nos acercamos a una sociedad sin valores, sin futuro, una especie de Whitechapel victoriano universal? ¿Qué hay de verdad en Sueñan los androides con ovejas eléctricas y 1984? ¿De verdad habrá Interventores Mundiales en la Época Fordiana y todos nos adormiremos con el soma? No lo creo. Hay un elenco de autores, bastante reducidos a decir verdad, y ciertos personajes en la Historia, que rebasaron este tira y afloja de las filosofías de sus respectivos tiempos y vivieron como el Hombre necesitaba vivir: a su antojo. Hay mucho vacío, mucha vacuidad en las palabras de la filosofía actual y en la de los últimos miles de años, en cambio, hay verdades absolutas en la naturaleza. El sol sale por la mañana. El aire del otoño es fresco. El agua que corre por los torrentes en los bosques del Norte es fría y vivificadora. Éstas son verdades auténticas que ninguno de estos autores desperdició.

Hablo de Parménides, de Lao-Tzu, de Bodhidharma. De Rimbaud, de Thoreau y de Chris McCandless (que no era autor ni escritor ni nada, lo que aumenta más su valor). Muchos de los autores "malditos" de la generación de poetas románticos franceses decidieron, en un momento dado de sus vidas, abandonar la literatura y vivir sus vidas. Otros de su tiempo se suicidaron. ¡Werther, pobre imbécil! ¡Larra! ¿Por qué no te embarcaste en algún navío de línea a las Indias? ¡Pavese! Pobres diablos. Se trata de la conexión espiritual personal con la Naturaleza, el escuchar a ese lobo que tanto incordiaba a Hermann Hesse, y no oponerse a lo que uno desea. Si estamos escuchando música o deleitándonos con alguna poesía, ¿a qué viene el arrepentirse por no estar acarreando sacos de cemento? Y si nos construimos una cabaña en Walden, como Thoreau, no debemos pensar que quizás (y sólo quizás) deberíamos habernos puesto a hacer "algo de provecho", algo útil en la sociedad confuciana. Y ni eso, a partir del Imperio Han se daban tres años de vacaciones a los funcionarios chinos por la muerte del padre o de la madre, un tiempo en el que reconectaban con la naturaleza.

Somos instrumentos de la Naturaleza. Gea es el todo. Si un perro ladra, pensamos que ha sido por las hormonas. Si hay hormonas en su torrente sanguíneo, pensamos que ha sido por una construcción histológica especializada. Si estudiamos las construcciones histológicas, sabemos que vienen del paso de la unicelularidad a la pluricelularidad y, en última instancia y siguiendo a Oparin, de coloides formados naturalmente en el planeta Tierra. ¿Acaso hay diferencia entre el ladrido de un perro y la poesía de un virtuoso?

Y con esto tampoco exacerbo el nihilismo. Sólo digo que todo lo que hay en este mundo, a este mundo pertenece. Y nosotros pertenecemos al mundo. Así que menos aspavientos, que tampoco es para tanto.

viernes, diciembre 18, 2009

Otras preguntas

Al menos he podido hallar una "parábola" que describa lo que quiero decir en la entrada anterior, una conclusión bella y metafórica.

En los libros religiosos (entiéndase como aquellos que pasan de analizar científicamente la situación moral del ser humano y buscan dar una salida, filosófica o teológica) se apunta a un camino, un dedo apunta a la Luna. No miréis el dedo, no os obcequéis con el dedo, no se busca que miréis al Dedo, sino que mireis a la Luna. Ése es el Camino.

miércoles, diciembre 16, 2009

Preguntas sobre Dios, o sobre dios. O a Dios, o de dios.

Bueno, son preguntas que todo el mundo se hace. Aparecieron en el principio de los tiempos junto con la impresión maravillada del ser humano al observar la naturaleza, prosiguieron en una multitud de formas mitológicas y cuentos que muchos se tomaron en serio y acabaron en enormes mamotretos filosóficos y teológicos, siguieron los místicos (población en la que el padecimiento de la epilepsia cerebral parcial es más probable que en otras) y con ellas están acabando los escépticos.

En esto los científicos han hecho mucho. Digo "han" y no "hemos", porque yo aún no soy un científico, soy un estudiante, un cadete. Y en el proceso de aprendizaje uno se hace preguntas inconclusas a las que da respuestas siempre incompletas e imperfectas, asumiendo hechos que no existen. Recuerdo que en 4º de secundaria di una explicación científica a los déjà vu: un viaje en el tiempo que hacía el impulso nervioso al superar la velocidad de la luz desde el nervio óptico hasta la parte posterior de los hemisferios cerebrales, casi tocando el cerebelo; esta velocidad se debía al "borrado de datos" antiguos del cerebro que se hacen día a día. Hoy en día que el impulso nervioso no se mueve a la velocidad de la luz, sino a la velocidad de una onda de despolarización en las dos superficies de la membrana plasmática. También que no hay nada concluyente sobre el viaje en el tiempo. También qué es la plasticidad neuronal (un poco, no mucho) y algo de su intervención en el proceso de construcción de la memoria.

y no sé porque mañana puede resultar que mi teoría es cierta. Mañana podría ser que no creyera en las teorías que aquí describo, o que se vieran que son razonablemente falsas. En cualquier caso, me parecía una pérdida de tiempo el no aprovecharlas y expresarlas.

Primera cuestión: De existir algún dios, o algún Dios, éste sería Todopoderoso y Omnipotente, Conocedor y Compasivo y Misericordioso. Desgranemos la primera cuestión. Si existiera este Dios, y nos hubiera creado, o de forma implícita o de forma indirecta hubiera provocado nuestra aparición, seríamos a Sus ojos (en caso de que tuviera ojos, los cristianos dicen que nos hizo "a imagen y semejanza", los musulmanes no lo tienen tan claro) una amorosa creación. Como sus hijos. Un padre no desea que un hijo sufra daño, pero también desea que crezca, que se haga un hombre (o una mujer), que sea justo y ecuánime y pueda ser equilibrado. Que sea fuerte ante las dificultades de la vida y que sea feliz. Ésto "querría" un Dios que nos pasara, ¿no?

En tal caso, parece lógico que nos hubiera enviado alguna clase de mensaje. Sobre cuál fue el mensaje, caben muchas dudas y nadie se pone de acuerdo. No digamos ya al Mensajero, al auténtico, al único (aunque ninguna religión monoteísta que yo sepa considera la existencia de un sólo mensajero, a excepción, quizás, del zoroastrismo, aunque ésta considera a Zoroastro y con el paso de los milenios, a Gayomart). Bueno, no importa, lo envió y ya está. Pero por otro lado, un padre no quiere superproteger a un hijo. Quiere que crezca sano y justo y por su propia cuenta. ¿Qué sentido tendría dejarle entre algodones? Puede que alguna vez lo someta a alguna prueba, que le dé muestras de difícil acceso y entendimiento ("los caminos del Señor son inescrutables"), pero, obviamente, después de estos signos, se escondería, desaparecería, observaría al hijo desde una posición segura. No tendría sentido que siguiera con él, acompañándole y mimándole toda su vida, para que no sepa enfrentarse a ésta.

En este caso, jamás se podría encontrar a Dios, si no existiera, porque no está ahí. Si existiera, porque se escondería. Sólo se puede creer en Él. No habrá nunca pruebas irrefutables de que existe, porque cada uno leerá los signos a su antojo.


Segunda cuestión: (y relacionada con la primera) Si Dios es Perfecto, si Dios está por encima de todas las cosas de este mundo y su existencia sobrepasa todo límite de realidad o de imaginación (pues no se le podría encasillar, es Todopoderoso y Omnipotente), su adoración es irrelevante también. ¿Por qué? ¿por desprecio o falta de consideración? No puede ser, nos ama, es Compasivo. Pero hay que observar una cosa: si un no creyente fuera justo y ecuánime y buscara el buen camino de forma propia y fuera feliz, y transmitiera su felicidad al resto de la gente, ¿no sería acaso una persona igualmente válida a Sus ojos que un creyente? Es más, ¿no sería más loable que un no creyente, que no cree en ningún Dios ni le teme, hiciera estas cosas buenas que un creyente, que puede hacer las cosas por temor (también está la posibilidad de que sea una persona justa, ojo)?

A Dios no le importaría entonces que nosotros le adorásemos y alabásemos, no se complacería, pues en su corazón no cabría rastro de orgullo. Tan sólo querría nuestro bien.


Tercera cuestión: (ésta es quizás la más precipitada y rara) A modo de conclusión, si existiera o no un Dios, es irrelevante, lo relevante es el Camino (el Tao, si se quiere). No sería relevante adorarlo o buscarlo, porque si no está, no está. Si está, no se le encontrará si se le busca. Sólo nos queda seguir el Camino.

En este sentido, no tendría tampoco razón de ser que Dios pidiera que se hicieran sacrificios a Él, ni que se matara en nombre de la religión, ni que se castigara por incredulidad o herejía. Para un padre hay algo más triste que ver a un hijo que no le quiere o que quiere más a otra figura paterna inexistente (en caso de que alguien se apartara de la religión "verdadera"): que dos hijos suyos se peleen y se maten. No hay sufrimiento mayor que éste. ¿Qué razón de ser tendría que lo pidiera?

Éstas son dudas que me surgen cuando leo el Corán. Tengo todavía más dudas, que iré clarificando. Sólo espero que sirvan de algo, que me enriquezcan, que me ayuden a hacer algún bien.

lunes, diciembre 14, 2009

Asignaturas verdes

Hay en el plan de estudios de 2000 para la carrera de Biotecnología una serie de asignaturas que, al menos en el caso de la UPO, están ampliamente malogradas. Yo las llamo asignaturas "verdes". Se trata de una serie de materias (botánica, fisiología vegetal, biotecnología vegetal, flora vascular de montaña, etc, etc) que, ya sea por los profesores --a los que parece que el polvo se les acumula en las espaldas sin que se den cuenta--, ya sea por las mismas asignaturas --como decía un amigo a propósito de la aparición de los profesores de fisiología vegetal durante la ceremonia de nombramiento de doctora honoris causa a Jane Goodall: "Ja, ja... las plantas son inanimadas, no tienen sistema nervioso... ¿dónde están los estudios del comportamiento de las plantas?"--, lo cierto es que al final, me resulta casi imposible tragarme una sola clase de esta gente.

En primero solía aprovechar las clases de botánica para hacer una pausa y tomarme una tostada entera con abundante paté y cafelito. En segundo solía saltarme las clases de fisiología vegetal, algo que era mucho más fácil si era a primera o a última hora, porque se nos lo explicaba todo como si fuéramos imbéciles. Mis roces con los profesores del departamento -una pandilla de pequeños investigadores, algunos de ellos sin más ocupación que realizar registros botánicos de la misma Olavide, que apenas ocupa unas cuantas hectáreas- harán que busque, entre las posibilidades de hacer una Erasmus, cualquier sitio en el que den biotecnología vegetal para no tener que volver a verles las caras en cuarto (son los mismos profesores).


¿Y todo por qué? Pues porque no se deja a los alumnos emplear su imaginación. No se permite al estudiante innovar, pensar cómo y de qué manera se podrá mejorar, algo que es imprescindible en esta carrera. Se nos lo explica todo, o bien masticadito y muy sucinto para que podamos aprendérnoslo de memorieta, o bien se nos presenta una interminable serie de esquemitas, relaciones cladísticas y cuadritos que también hay que estudiarse de memoria. Odio aprenderme las cosas de memoria; como dice Paco, un compañero de laboratorio, la memoria es el recurso de los imbéciles. No sirve de nada aprender de memoria si se quiere ser investigador. La memoria nunca fue un recurso valorado entre los grandes científicos.
Yo tengo imaginación, y quiero usarla, y confío en ella para que en el futuro, alguna de mis "ideas felices" pueda permitirme vivir con holgura el resto de mis días o al menos sirva para algo. Seguro que algo ganaré con todo esto. Para eso está la imaginación.

Pero de momento tengo que aprenderme la lista de posibles destinos erasmus de memoria.

sábado, diciembre 12, 2009

Que se mueran todos los incrédulos


... y que me dejen a mí de muestra, es el principio de una canción de los Mojinos Escozíos, aunque en vez de decir "incrédulos" dicen "feos". Que se mueran los incrédulos, sí, pero no por ser incrédulos, sino por algo que debo explicar, algo que debo definir.

Yo creo. Creo en el misticismo, creo en la poesía, creo en la cultura, creo en la belleza, en la investigación más allá de toda nube de pensamiento, creo en la complejidad del ser humano, en sus metas, en sus objetivos y en sus deseos. Creo en lo que los humanos creen, creo en nuestro carácter semidivino, en la antropología, en la filosofía, en la Historia, creo en los movimientos culturales, creo en la contraculturalidad también (¿por qué no?), creo en las motivaciones más profundas de las personas.
Creo en el Romanticismo y en el romanticismo. En los ideales. Transcribo una conversación que tuve con un par de amigos.

YO: "Yo no quiero morir de viejo, postrado en una cama, sin poder limpiarme el culo. En el momento en que vea que mi cabeza empieza a fallar y que chocheo, me iré a una empresa de mercenarios, a una cualquiera, a Irak, a Afganistán, a pegar tiros, y a entregarme a una muerte segura."
M: "¿Sabes lo que hizo (escritor del que no me acuerdo, este tío siempre nos deleita con anécdotas sobre escritores)? Llegó un momento en que dijo: 'Ya no tengo nada más que aprender en esta vida, ya no escribiré nada mejor de lo que he hecho hasta ahora' y se metió en la guerrilla mexicana. Desapareció."
R:"¡Vaya gilipollez! ¿Morir por un ideal? Eso es de gilipollas"

Que se mueran los incrédulos, pero no por su condición de incrédulos, sino por el calor que desprenden. Dejadme con mis quehaceres, con mis ideales, con mis sueños y con lo que el ser humano hace y vive. ¿Es de gilipollas morir por un ideal? Bien, entonces, dado el caso, es posible que yo sea un gilipollas. Pero ¿quién determina lo que es una gilipollez? A fin de cuentas, la elección, como todo en esta vida, es propio de cada ser humano. Durante mucho tiempo me he jactado de estar en buena forma lógica, de poder establecer criterios y analizar situaciones de forma puntillosa, con una visión muy incisiva y completa. Pues bien, durante mucho tiempo, mi error fue no tanto el analizar sino el jactarme, o quizás ambos estén al mismo nivel. El análisis es separación. Es división, concretación, categorización, compartimentalización.

Amputación.

Amputación de las enormes posibilidades que posee algo. El análisis de un texto despedaza en trozos un escrito con vida propia. El análisis de una situación histórica (sin tener en cuenta la holística) excluye la sinergia de un sistema político o sociológico en un momento determinado. El psicoanálisis bucea en la mente creando imágenes y falsos conceptos "irreductibles", como si se tratara de una visión atómica de la sociedad y de toda la Realidad. En verdad, Einstein, sin quererlo ni saberlo (no es culpa suya, tampoco) hizo más daño con la demostración de los modelos atómicos que con la bomba A y luego con la H. Parémonos a pensarlo sólo un momento.

La educación planificada actual se basa en eso, en la nula experimentación, en la teoría hasta la saciedad. Es posible que venga de nuestro pasado fanático, en el que la educación y la supuesta cultura no eran más que visiones de biblioteca, muy alejadas de la Realidad. Como dice Gogol en Taras Bulba:

"La enseñanza de entonces [habla de una Academia en Kiev en el siglo XVI] estaba muy alejada de la realidad de la vida: todas aquellas sutilezas escolásticas, gramaticales, retóricas y lógicas no tenían absolutamente nada que las relacionase con la vida de la época; nada de lo aprendido se adaptaba y repetía en la realidad, y de aquí que los que estudiaban no podían aplicar su saber a ninguna cosa. Los sabios de entonces eran más ignorantes que los demás, porque estaban separados en absolito de la realidad."

Y de ahí arramblamos nosotros con una efímera época de resurgimiento de la cultura española (apenas unos treinta y pico años, muy poco si se les compara con el siglo y medio del que han disfrutado ingleses, alemanes, franceses y demás en nuestra amada Europa), de la que poco se ha podido aprovechar. En este país nos movemos con la ley del péndulo: de dictadura cruel y represiva, que no se preocupa por sus ciudadanos, a democracias flowerpower, en las que todos los partidos nacionalistas pueden exigir al gobierno, donde la educación es una bagatela, un instrumento en las manos sucias de los políticos, donde se considera más importante el maltrato a la mujer o que se diga "compañeros y compañeras", que el medioambiente y el salario mínimo interprofesional, donde los niños "necesitan" educación para la ciudadanía, educación para la sociedad, educación sexual, educación política, formación filosófica, pero todo ello desde una visión muy analizada, despedazada y secularizada del conocimiento, como salido de fábrica, donde "sólo" unos cuantos conocimientos son "útiles" y otros no. Donde nos preocupamos mucho por estudiar lo que hay más cerca pero no tenemos ni idea de lo que hay más allá. Y lo siento mucho, pero esta visión de la educación, del saber, del conocimiento y de la belleza de todo lo que el ser humano hace y dice, es muy pobre y triste. Como un halo ceniciento.

Si los padres quieren que los niños estudien religión, ¡adelante con la religión! (en esto difiero mucho de lo que hasta ahora he dicho), pero, ah, nada de regalar puntos y dieces a los niños con exámenes con sopas de letras donde están sumergidos los nombres de los doce apóstoles (caso real), no, no, nada de eso. Si los padres quieren que los niños estudien religión, estudiarán religión. Pero religión de verdad. El Ramayana, el Bhagavad-Gita, el Rig-Veda el Corán, las Biblias ortodoxa, protestante luterana y católica, los Misterios de Santa Teresa y los poemas de San Juan de la Cruz, el Discurso de la Tierra Pura de Vasubandhu, el Shobogenzo y el Fukanzazegi del Maestro Dogen, el Libro de la Nada del maestro Sosan, el poema de Gilgamesh y Enkidu, el Avesta y una recopilación de cuentos del Tiempo del Sueño aborigen, mitología nativoamericana y la Rede Wicca. Éso es aprender religión.

¿Queréis estudiar filosofía? ¿Qué haceis, perdiendo vuestro tiempo en estudiar al mismo tiempo a Santo Tomás de Aquino y a Ockham? ¡Si son lo mismo! Y no hablemos de San Agustín de Hipona y Porfirio y Orígenes. ¿Por qué dar tantas vueltas a la idea de Bien platónica o a las potencias aristotélicas, a los imperativos categóricos de Kant, al Discurso del Método? ¿Que queréis aprender filosofía? Muy bien, empecemos poco a poco. Construyamos desde las Analectas y el Tao-te King. Enfrentémoslos. Indaguemos en el Camino Óctuple y en el parinirvana, en el tathagata, en Parménides y los sofistas no frente a Sócrates, sino con Sócrates. Sócrates era un tipo de excepcional inteligencia. ¿Por qué escuchar tanto a Platón? ¿Porque de él tenemos más referencias? Abandonad a Platón y a la ignorancia de la generación espontánea de Aristóteles, ¡tomad a Zoroastro! Y no pensemos más en el Übermensch nietzscheano, ¡no lo quería así! No hay más que leer Así hablaba Zaratustra. Vale, El Anticristo y Humano, demasiado humano son mucho más polémicos, pero ¿queremos aprender o cotillear? Lo más importante de Nietzsche no fue el "Dios ha muerto", sino el "ahora somos nosotros los dioses". Las moralejas de Esopo y de Samaniego son filosofía. El pensamiento galileano es filosofía. El mismo infierno dantesco es filosofía. Sólo hay que mirarlo. Sentirlo. No estudiarlo, categorizarlo, despedazarlo. Kant es el mayor carnicero que ha dado la Humanidad, Freud otro. Cojamos el Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, y para comprender la realidad histórica y el problema religioso y filosófico prerrenacentista, olvidemos a Galileo y a Maquiavelo. Nada como el Malleus Malleficarum.

Y es por no creer nada, por no dejarnos llevar y sentir la literatura, por no impregnarnos de algo sino por establecer nuestra mente incrédula, einsteniana, darwiniana, metódica y categórica y carnicera y fanática (en la medida en la que no dejamos que nada entre en nuestra mente) y condescendiente (pues nos asusta pensar que estamos haciendo el tonto al no encajarnos en nuestra lógica aplastante en vez de vivir la vida), por lo que no aprendemos nada en absoluto. Nada.

Así pues, gritemos bien fuerte, ¡que se mueran los incrédulos! ¡Dejad el escepticismo para la Ciencia!

lunes, noviembre 30, 2009

¿Qué hace a un sistema válido para un ser humano? (Cuarta parte)

Con la cuarta entrega de esta serie que al final ha copado más palabras de las que pensaba pretendo cerrar el ciclo. Me quedan muchas cosas en el tintero de las que quiero hablar, muchas tradiciones, cosmogonías y mitologías, pero que hoy en día se consideran menos serias. A nadie se le ocurriría pensar que en el Olimpo viven los dioses después de las fotos del Meteosat, del GPS y de la sonda Galileo. Y tampoco pensaría nadie que el Dios Sol de los navajos vive en una casa de turquesas en el desierto, más allá de los confines del mundo. El Sol es una estrella y no el Tayta Inti de los incas, el Ra ni el Khefri de los egipcios ni está en un carro tirado por Helios. Tampoco aparece si se le llama con el cuerno de Heimdall. Y por supuesto, no es una serpiente emplumada como Huitzilopochtli ni tiene la apariencia de un hombre como Shamash para darle leyes a Hammurabi. Es curioso que el Dios de los judíos le diera tablas de leyes a Moisés en el Sinaí. Pero el Sol, según todos los estudios, es una enorme bola de fuego. Nada más. Y probablemente esta visión del sol sea fría y desharrapada, por lo que para elevar nuestro romanticismo mitómano nos elevamos a un nuevo confín: el no-espacio y el no-tiempo. Dios es el primer viajero hiperespacial de la historia, de hecho, él es el hiperespacio, más allá del espacio y del tiempo.

Aún así, hemos aceptado este Dios porque, sencillamente, no es posible estudiarlo ni verlo. Los budistas y los taoístas inciden en la estupidez de buscarlo como algo físico y palpable: Dios somos nosotros. Nietzsche se negaba en El Anticristo que hubiera un Dios por encima de él, ya que los humanos somos Dioses, según algunas tradiciones. Si en algún momento llegamos a surcar el no-espacio y el no-tiempo, obviamente, Dios no tendría ningún lugar para esconderse, ya que no hay espacio, y por supuesto, no podría esperar a que pasáramos, porque no hay tiempo. Si nos ponemos a decir que en ese caso Dios nos cubriría los ojos para no verle como confundió a los constructores de la torre de Babel (hay que ver cómo odiaban los judíos Babilonia) con el lío de las lenguas no acabamos, es como aquel bioquímico argentino que afirmaba que los fósiles de conchas de hace 300 millones de años en las cumbres de los Andes no se debían al movimiento tectónico, sino al Diluvio Universal, poco después de la formación del mundo en el 4004 a.C. Y este tío y lo que afirma viven hoy, os lo aseguro. Dejémoslo en ciencia-ficción. No podemos surcar el no-espacio y el no-tiempo y por tanto no podemos comprobar si está o no Dios ahí. Así que sigamos con lo nuestro.

Cuarto concepto (revolucionario): el tiempo no ha de ser lineal para que la religión pertenezca a una civilización desarrollada. En el caso de los hinduistas, de los que no me queda más remedio que hablar poco porque aún no he podido llegar a conocer sus obras más que por referencias (aunque tengo el Rig Veda, el Baghavad Gita y el Ramayana en la lista de libros pendientes), no existe el tiempo lineal, sino que es más bien circular. Dokûsho Villalba y Osho describen muy bien la transición del concepto de tiempo circular, que es más propio de sociedades subdesarrolladas y agrícolas en las que el tiempo se mide por la rotación de las cosechas y los equinoccios cada año, a lineal gracias a los también revolucionarios conceptos de evolución de Darwin y el liberalismo económico de Adam Smith y otros, curiosamente, no fueron líderes religiosos los que revolucionaron los conceptos, sino aquellos cuyas teorías causaron un profundo impacto en la sociedad. Es muy posible que la demostrada incoherencia de muchas de las teorías cristianas (la substanciación de la hostia consagrada en carne física de Cristo es un ejemplo) sea la causa de que la cosmogonía cristiana haya sido la más variada, cambiada, modificada, y si se quiere vapuleada y tergiversada. No es culpa de los católicos, supongo, en Nicea en el 325 tuvieron que darse prisa en convencer al Emperador.

El concepto de evolución es tan revolucionario que transformó a una sociedad entera y a nivel global cambió radicalmente la forma de pensar de nuestra civilización. Si hubo un paso antes que nosotros, el del Proconsul y el Australopithecus, con procesos de evolución al ser humano que eran irreversibles, entonces necesariamente debía de haber un tiempo anterior a éste que no era como éste. De igual forma, el tiempo se elongaba hasta un principio, y luego, hasta un final. la Iglesia Católica ya promovía este concepto al afirmar que el mundo había sido fundado en el año 4004 antes de Cristo. Y la tradición de un final arranca desde viejo, desde antes (siglo VII a.C.) del recogimiento de la tradición histórica judía en el exilio del rey Joaquim de Judá en Babilonia en el siglo VI antes de Cristo (que también incluye el concepto infernal de Sheol), con Zoroastro.

Según el zoroastrismo, llegará una especie de día del Juicio Final en el que las almas guiadas por Shaoshyant, una especie de sacerdote hijo de Zoroastro y de naturaleza medio divina, atravesarán el Chinvat, un puente fino como una aguja para los injustos y amplio como una carretera para los justos, y se bañarán en un río de metal fundido producto del impacto de un colosal meteorito contra este mundo. Para los justos este río será cálido y suave como leche tibia, mientras que para los injustos será roca fundida y el dolor será horrible. Esta versión del tiempo lineal contrasta con los cuatro ciclos de tres milenios en los que está dividido el mundo (tras la muerte de Zoroastro comenzaría el último ciclo de tres mil años que acabaría con el fin del mundo, de forma que si contamos que se piensa que este personaje murió en el c.660-662 antes de Cristo, así que el fin del mundo según los zoroastristas será en dos mil seiscientos sesenta y pico, y no en 2012 según los mayas y los directores de Hollywood, ¿no os alegráis?).

El concepto de tiempo cíclico de los hinduistas está íntimamente ligado a los procesos de construcción-destrucción del mundo y a la reencarnación kármica. Shiva es el gran Destructor, pero también la destrucción es una forma de construcción, de forma que es el Hacedor, el Constructor, el que deshace un mundo para que vuelva a ser reconstruido. Parece ser que los hindúes son un pueblo muy avanzado para algunas cosas, aceptan a los hijras, a transexuales, gays, hermafroditas y bisexuales desde hace milenios, pero a la hora de mezclar castas, ah, ésa es otra cuestión. Se dice que Mohandas Gandhi se oponía a la construcción de hospitales porque los males de esta vida eran un reflejo del mal karma acumulado en la anterior (ojo, se dice, no puedo confirmarlo, no sé si esto es verdad para una cara tan conocida del Nobel de la Paz [¿alguien sabe quien és Louis Renault? ¿Y Emily Greene Balch? Pero Gandhi, Mandela y Luther King sí, ¿verdad?]).

Quinto concepto revolucionario: la ley divina puede ser coherente, puede no haber, o puede ser sustituida por preceptos humanos coherentes. En el caso del Islam, cada uno de los aspectos de la vida social e individual, económica y religiosa parecen poder regirse por el mismo libro, el Corán. De todas formas ésta es una referencia y no puedo confirmarla de momento. El otro caso sí que existe, la ley divina no existe en el taoísmo y el Mandato del Cielo es totalmente confucionista es totalmente desconocido para aquellos que gobiernan "Todo-bajo-el-cielo", de forma que cualquier líder político es bueno siempre y cuando sea recto, justo, obedezca la tradición, siga los ritos... en definitiva, un perfecto caballero (juanzi). En el caso del budismo, no hay Dios que haya escrito la Ley, de hecho, no hay ley, sino una serie de preceptos que generan "buen karma" o más bien, "mérito" (puñña en pali), pues se trata de salir de la rueda eterna del karma, abandonar el girar de las reencarnaciones. No seguir estos preceptos no lleva necesariamente a acumular mal karma, pero sí karma, y no ayudan a llegar al nirvana. Obviamente hay muchos caminos para llegar al nirvana, o al menos al estado de arhat o arahat, similar al estado búdico o de bodhisattva en este mundo, es decir, seres iluminados que sólo serán reencarnados una o dos veces antes de llegar al nirvana. De todas formas, cada escuela tiene un canon totalmente distinto y muchas de ellas, como el zen soto o el rinzai, no tienen preceptos a seguir más que por los monjes zen, aunque se ha dado el caso de muchos de ellos, como Ikkyû Sôjun (Nube Loca), que desoían estos preceptos (castidad y evitar contacto con mujeres hermosas, no beber alcohol, no comer carne) y eran conocidos por grandes excesos y a los que se tiene como grandes maestros zen, de forma que los preceptos pueden ser claramente incumplidos.

Sexto concepto revolucionario: el no creer en milagros no determina que no haya religión. La Torah está llena de hechos totalmente inverosímiles, que se argumentan con leyes divinas que desafían todas las leyes de la física. Partición del Mar Rojo en dos, el nacimiento de un río de leche y miel en la abertura de una roca, el maná (¿qué es el maná?) lloviendo, David entre leones hambrientos que se comportan como gatos mansos, las plagas de Egipto, la demolición de las murallas de Sidón al sonido de las trompetas de los judíos. El Nuevo Testamento también describe hechos milagrosos (Lázaro que renace, Jesucristo sobre las aguas, los panes y los peces, el ciego que ve y el leproso que se cura, etcétera), e incluso posteriores (Constantino que ve el signo luminoso de la cruz en el cielo antes de derrotar a Majencio, el éxtasis de Santa Teresa, las conversaciones de San Francisco de Asís con pájaros y animales). Según el Islam el profeta Mahoma fue sanado por arcángeles que le abrieron el pecho y le curaron toda la maldad que cualquier persona podía tener, dejándolo puro. También tenía frecuentes conversaciones con Dios y subió en varias ocasiones al cielo, los musulmanes también argumentan que en el Corán y los hadices se mencionan milagros científicos que sólo ahora han sido demostrados. De todas maneras, aún tengo que leerme el Corán y no puedo valorar nada. No pretendo valorar nada de lo que digo. Los poemas épicos hinduistas están llenos de hechos milagrosos, como cuando Indra devastó la montaña por la que se despeñaba el bebé Bhima con sus rayos, actuando como colchón y evitando que el bebé se dañara. Según la tradición budista más antigua (los budistas tienen muchas sectas (el concepto de secta es distinto aquí) o escuelas y cada una tiene creencias distintas, aunque el cuerpo práctico de meditación es el mismo), cuando Siddharta Gautama nació, salió del vientre de su madre, dio unos pasos por sí mismo y habló con voz pura y clara: "Éste será mi último renacimiento."

Un ejemplo de cómo hay religiones que no se fundamenta en hechos milagrosos, dos koanes zen, el segundo es un haiku del maestro Bashô:

Un discípulo de la secta de la Tierra Pura preguntó a uno de los discípulos de un maestro zen:
-¿Qué milagros puede hacer tu maestro? Mi maestro puede hacer grandes milagros. Una vez me pidió que abriera un libro en blanco junto a una orilla de un río, él fue a la otra orilla del río y escribió en el aire con su pluma, luego aparecieron en mi libro, escritos los kanjis del Buda Amida. Yo he visto este milagro. ¿Qué milagros puede hacer tu maestro?
-El principal milagro que puede hacer mi maestro -rió el discípulo zen- es que cuando tiene hambre, come, y cuando tiene sueño, duerme.

Un viejo estanque
salta una rana
¡plof!

Una vez el maestro Dogen cogía agua de un pozo.
-¡Oh! Cuando tiro de la cuerda gira la rueda y sale el cubo lleno de agua. ¡Qué maravilla!

Y por último una buena tirada de viejos conceptos derribados. Si los creyentes de estas religiones son gentes válidas, gentes con las que se puede tratar, que en el mundo de hoy en día han tenido conocimiento de otras religiones y que han elegido su cuerpo de credos, ¿por qué no iban a ser respetables? Y en esto choco mucho con lo que he "predicado" hasta ahora. Pero el que avisa no es traidor y rectificar es de sabios, según dicen, así que haré un breve compendio de conceptos de otras religiones que me han resultado curiosos, de religiones a las que respeto y admiro.

Jerarquía inexistente. En el taoísmo y confucianismo no hay jerarcas religiosos, en el caso del primero no hay maestros, sólo discípulos que repetuosamente siguen a ciertas personas que han alcanzado un grado de sabiduría, en el segundo lo más parecido a un sacerdote era una especie de patrones que daban consejos sobre la norma y la conducta. Los protestantes no anglicanos no poseen cabeza de su Iglesia visible (los anglicanos tienen a la reina), aunque si altos sacerdotes como diáconos y abades. Los ortodoxos tienen a los Patriarcas. Los musulmanes en general reconocen la autoridad en ciertos temas de almuecines e imames, pero en los minbares de las grandes mezquitas (similares al púlpito cristiano) sólo pueden leer o hablar en las escaleras, nunca en la parte más alta. Los budistas tibetanos reconocen al Dalai Lama como máxima autoridad espiritual, pero sólo ellos entre las numerosas escuelas budistas. Los hinduistas tienen gurúes y hombres semisantos en cada rincón del país, más o menos populares dependiendo del conocimiento de las masas.
Aborto "permitido". En los hadices se encuentran citas del profeta Mahoma que describen las fases de formación de un feto, señalando que a partir de la sexta semana de fecundación está "feo" hacerlo, como un agravio, pero perdonable. A partir del tercer mes de gestación, que coincide con el principio del desarrollo del sistema nervioso, termina la fase de "coágulo" de 40 días (40 de embrión, 40 de feto, 40 de coágulo) y se cree que recibe el espíritu de manos de un ángel. Por tanto, está prohibido abortar a partir de entonces. No recuerdo muy bien qué se dice sobre casos de violación o peligro para la madre.
Prácticas sexuales bien vistas. Mientras que las religiones cristianas no conciben en muchos casos la práctica sexual anterior al matrimonio y de hecho los sacerdotes católicos adoptan el celibato (los protestantes no, hecho que en EEUU relacionan directamente con la alta incidencia de la pederastia en sacerdotes católicos y mucho más baja entre los protestantes), se describe en los textos hindúes una práctica sexual de equilibrio cósmico recopilada en el Kamasutra, que es más que un libro de posturas sexuales. De ahí bebe directamente el budismo tántrico, que apareció en el siglo VII y que describe el sexo como una forma de llegar al estado de budeidad. Las prácticas tántricas, según se dice, pueden llevar, con los correspondientes alimentación, tiempo y dedicación, a un orgasmos sin eyaculación. En el mundo musulmán los imames no sólo pueden tener hijos, sino que además es deseable. De hecho, la masturbación es considerada un acto fisiológico normal y se trata en ciertos hadices.
En algunas religiones no hay libros sagrados. En el budismo zen es común que los discípulos que se hayan dedicado durante un largo tiempo a memorizar y recitar sutras y a estudiar en los libros, al llegar a un estado de hastío por no poder encontrar lo que buscaban y tras una iluminación o satori (que puede o no darse, y por diversas causas, desde una meditación constante hasta el apagado de la llama de una vela), quemen todos sus textos. Eso sería totalmente inconcebible para un funcionario chino confucionista o para un rabino judío. Durante la época de Franco se enseñaba en las escuelas una historia sobre cómo aquellos que vendían o trataban quemar o disparar a una Biblia recibían un castigo divino.


Con todo este compendio me he dejado un montón de cosas en el tintero, muchas de las cuales se me han olvidado, en otras he estado pensando pero no he podido recordar, otras sencillamente no las sé. De hecho, mis limitaciones en conocimientos harán que muchas de las definiciones de estos cuatro textos no sean exactas, aunque lo que he pretendido, que no es otra cosa que exponer las diferencias que tienen otras religiones con respecto a la que impera en el mundo en el que nos hemos criado y estudiar por qué la gente elige estas religiones hoy en día, aún en nuestros países, donde tenemos la opción de escoger una u otra, y donde la influencia de la religión católica ha sido bastante fuerte.

No pretendo en ningún momento "iluminar" a nadie. Si lo que he escrito sirve a alguien para informarse, para motivarse, para buscar una vía alternativa a la realidad que le rodea porque no está bien informado o porque está buscando a tientas en la oscuridad algo que no sabe que tiene, adelante, me sentiré muy satisfecho. Pero si nadie lee todo ésto, mi esfuerzo tampoco habrá sido en vano. Pues no siento que haya habido esfuerzo donde he disfrutado haciendo algo, un viejo concepto de la escuela española de antes. La letra con sangre entra (y sin ella ha entrado, es que no ha sido la letra, es el prejuicio arraigado en nosotros, me incluyo). Y he disfrutado mucho volcando todo el revuelto de pensamientos que tengo en la cabeza. Así me distribuyo un poco mejor.

Un saludo a todos, me incluyo.
¿Qué hace a un sistema válido para el ser humano? (Tercera parte)



Con los capítulos anteriores me excedí un poco hablando de budismo, o quizás no, eso es un asunto personal y que uno mismo decide. En todo caso, muestran a grandes rasgos ciertas diferencias (que no me he parado a analizar una a una, pero de las que sin embargo he tenido una cierta idea) entre los budistas y los cristianos que me fascinaron en su momento y me llevaron a replantearme mis arcaicos conceptos de religión, fe, y toda la parafernalia desarrollada en el primer capítulo. En primer lugar, para que existiera una religión y para que la gente creyera en ella no hacía falta un dios. Aquello fue una revelación bastante sonada y que aún me cuesta asimilar del todo, pero de esta dificultad quedan sólo resquicios.


En segundo lugar, la creencia en el sistema cosmogónico no necesitaba fe ciega, el concepto de "fe" que se había vivido desde mi infancia más bien se sustituía por el de "confianza íntima en lo que me cuentan". Ésto se observa claramente en cierta cita del Dalai Lama (Tenzin Gyatzo), en este mismo blog:


"Recuerdo una conversación turbadora, que yo había mantenido unos años antes, con una dama estadounidense que estaba casada con un hombre tibetano. Enterada de mi interés en la ciencia y de mi participación activa en diálogos con científicos, ella me previno de los peligros que supone la ciencia para la supervivencia de la religión. Me dijo que la historia atestigua que la ciencia "mata" la religión y me aconsejó que no sería sensato que el Dalai Lama trabara amistades con los representantes de dicha profesión. Me imagino que en este viaje personal por la ciencia me juego el cuello. Mi confiada incursión por la ciencia se debe a mi convicción fundamental de que tanto la ciencia como el budismo se proponen comprender la realidad por medio de la investigación crítica: si el análisis científico pudiera demostrar sin lugar a dudas que determinados postulados del budismo son falsos, deberíamos aceptar los hallazgos de la ciencia y abandonar dichos postulados"


En el caso del Islam, los musulmanes se esforzaron por destacar en todos los campos y ciencias posibles para demostrar que las aleyas coránicas eran ciertas y que lo que se dice en el Corán es verdad, prueba de la existencia de Dios. A mí la mención a Adam de la Sura de la Vaca y la existencia de los genios, y sobre todo la llamada al "pueblo de Israel" me llama a chamusquina de herencia judeocristiana. Pero como no he leído de este libro nada más por el momento no diré nada más de él. Sólo sé que no sé nada.


Tercer concepto revolucionario: los ritos eran innecesarios. En el taoísmo no hay ritos. Aunque sé bastante poco de Lao-tze (apenas un par de lecturas del Tao-te King y un libro de Osho sobre la materia, tratada de una forma un poco más íntima), me he acercado lo suficiente como para captar a grandes rasgos algunos conceptos que declara. En primer lugar, en lo femenino, o yin, reside la "potencia" (obsérvese el término empleado, como el aristotélico, aunque el aristotélico se desarrollaría doscientos años más tarde) para convertirse algo en "yang", o masculino. El Tao es, literalmente, el Camino. El Camino a seguir, desarrollado como algo totalmente individual y personal, y que en su mayor parte se recomienda actuar con pasividad o sencillamente no actuar, pues en la "pasividad" reside la fuerza interna, la auténtica energía, que se pone de manifiesto en la "impasibilidad", o en la "imperturbabilidad". Todo esfuerzo por alcanzar algo es inútil, todo lo que sube acaba cayendo y nuestras ambiciones nos acaban traicionando. Lo más inteligente es, pues, seguir el camino propio y nada más. En este contexto no hay ritos que valgan, ya que cada uno sigue su propio camino, y ya que la vida no tiene sentido (otro concepto revolucionario), no se consigue nada esforzándose por cumplir ciertos protocolos ajenos a uno.

Aunque mi definición es pueril e incompleta, y lo lamento, quisiera ofrecer unos fragmentos que me han resultado interesantes por ciertas similitudes y con los que me gustaría aclarar lo que quiero decir.

Tao-te King, capítulo XXIV

No se está de pie de puntillas.
No se camina a grandes zancadas.
Si uno se exhibe, no destaca.
Si uno hace ostentación de sí, no brilla.
Si uno se enaltece, no lo consigue. [...]

Capítulo XXXIII

Quien conoce a los demás es sabio, quien se conoce a sí mismo es clarividente.
Quien vence a otros es potente, quien se vence a sí mismo es fuerte. [...]

Capítulo XXXVIII

La virtud superior no muestra la virtud, por esto tiene virtud.
La virtud inferior no abandona nunca su virtud, por esto no tiene virtud.
La virtud superior es inactiva y sin ninguna intención.
La virtud inferior es activa y tiene intenciones. [...]
La conducta ritual superior es activa, y si no se la sigue, se arremanga y da unos mamporros. (éste es un claro ataque a la doctrina confucionista sobre la importancia de los ritos).

Estos textos se asemejan en cierto modo al conocido pasaje de Mateo 5:1-12

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [...]
Bienaventurados los mansos porque ellos recibirán la tierra por heredad. [...]
Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [...]
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos, porque así persiguieron a los profetas antes que a vosotros (¿se referirá a la opresión confucionista antitaoísta del Imperio de la dinastía Han, del 100 a.C?)

Seguiremos con la cuarta entrega de esta apasionante serie, que espero sea la última.
¿Qué hace a un sistema válido para el ser humano? (Segunda parte)

Vaya, al final me he calentado la boca, me he puesto a hablar de los cristianos y del Budismo y he puesto un par de imágenes y no he dicho lo que quería decir. Suele pasar cuando se hace asociación libre, de hecho, me gusta más que la exposición estructurada, de esta forma huele mucho más a que ha salido del horno casero y se lo comen los niños que a una cocina de cafetería universitaria, donde la comida es (y será siempre) asquerosa. Así que es algo más íntimo, más propio, y así hablo porque es mi blog. Eso es lo que hay. Al que no le guste, que se vaya, que se enganche al blog de Eduardo Punset.

En una sociedad globalizada como la actual (y siempre hablando desde el punto de vista unilateral y personal mío), todos los países de medio y alto desarrollo (el que más, el que menos), tiene a su disposición una ingente cantidad de medios de información y comunidades de muchos tipos que siguen muchos sistemas religiosos distintos (entendiendo religión como simplemente un conjunto de todo un poco, la religión es arreligión si se desea y viceversa... ahora defino eso), de forma que los habitantes de estos países pueden gozar de un número de alternativas a sus sistema actual que les permiten hallar su propio camino. En el caso del budismo, se conocen cientos de templos tibetanos y zen, los más expandidos, por todo el mundo. No conozco un sólo país en el que no haya párrocos o misioneros católicos o protestantes. Aunque la ortodoxia de la escuela rusa es más difícil de encontrar, en España hay comunidades amplias en el Levante y estoy seguro de que es posible celebrar alguna Pascua o Navidad ortodoxa con ellos; los países medianamente desarrollados de Europa (aunque ignoro si Polonia también los tiene, no considero a su gobierno digno de un "país desarrollado", huele a ultracatólico y opresivo) tienen una buena cantidad de mezquitas a las que asistir, prosperan las terapias de Gestalt y Taoísmo en numerosos grupos de asistencia psicológica y no es difícil encontrar bibliotecas especializadas (y no especializadas, con un ejemplar de las Analectas, otro del Tao-te King, un libro de Taisen Deshimaru o de Tenzin Gyatso, una réplica del Baghavad Gita y un Corán basta para tener una idea aproximada) en las principales ciudades.

Sobre opciones, no quedan dudas. Ahora sobre religión. Mi comprensión personal de lo que es una religión se limitaba hasta ahora a una serie de determinados ritos en señaladas fechas, la creencia en un ser supremo, todopoderoso y omnipotente (sí, estoy bautizado y he hecho la comunión por el rito católico apostólico romano), la fe en sus actos y en ciertos tipos de milagros, la pertenencia a una determinada comunidad creyente en la que la fe se hace fuerte y se afianza, y por último la obediencia a un cierto número de normas y reglas proporcionadas por un sacerdote o autoridad en la religión que venían de un largo y prolongado estudio, pero que cuyo cumplimiento exime de las penas postpurgatorio y te lleva a un paraíso eterno. Por tanto, era necesario hacer cosas para ganarse el puesto en este Valhalla descrito.

Qué equivocado estaba. Con el paso del tiempo, de creyente pasé a descreído y posteriormente a ateo, hasta el punto en que me oponía a toda manifestación religiosa y amaba los valores estrictamente humanos que nosotros habíamos confeccionado y que nos estamos comiendo. Pero a fin de cuentas, ¿qué mas? Pues en ésto había mucho error. El primer impacto vino con el budismo: una religión sin dios. ¿Cómo era eso?

Estuve un verano leyendo sobre budismo y lo deseché porque aquella "filosofía de vida", como yo la llamaba, no entraba en mi experiencia personal. Durante dos años me quedé sin intentar indagar en la paradoja de que los budistas fueran más de 500 millones de personas que no adoraban a ningún dios y que, sin embargo, tenían un cuerpo de reglas más o menos coherente al que se atenían, más que nadie en el caso de los monjes theravada. ¡Qué extrañado me quedé cuando volví a investigar! El budismo era toda una religión, sí, pero sin dios, sin paraíso (pues nirvana, o en pali, nibbana, es un estado de vacuidad, eternamente vacío, donde no hay excitación de 26 vírgenes ninfómanas del paraíso coránico y donde no está la madre Teresa de Calcuta para hablar contigo, tampoco está Dios para llevarte en gloria y éxtasis. Sencillamente, no hay nada. Es el vacío, la misma nada. ¿Cómo era posible llegar a ser feliz con una promesa tan pobre? Pues muy sencillo, eliminando el deseo por todas las cosas terrenales y rompiendo la eterna rueda de renacimientos kármicos (el budismo bebe del hinduismo como el Islam y el cristianismo del judaísmo) . Si no se desea el paraíso, no se necesita el paraíso. Muy sencillo y muy revolucionario. Aquello que no deseas es aquello que no necesitas, y por ende, al no desear nada, ni tan siquiera a tí mismo, pues también suprimes el ego, eres pleno y te sientes completo y uno con la existencia al completo.

Pues siendo felices se olvida la necesidad de estar bien, de ser bueno, de seguir tal aleya o tal versículo, de honrar a tu padre y a tu madre. Las reglas vienen luego de un cuerpo lógico que se ancla en la tradición más antigua, de Devadatta en adelante, para demostrar que no todo está permitido. Los "infiernos" de la cosmogonía budista y los "cielos", con sus "dioses", vienen de diversas escuelas que integraron algo de mitología y algo de verdad, algunas de las cuales siguen adelante y se proyectan en el budismo vajrayana (tibetano) actual. Pero en el caso del zen gran parte de la imaginería se sustituye por el pragmatismo más sistemático. Si meditas, alcanzarás gran sabiduría y un posible satori (samadhi) en este mismo mundo, sin tener que renacer. Sólo tienes que sentarte. No estás forzado a hacer nada. No hay dioses, los monjes zen llegan a quemar efigies del Buda para demostrar la vacuidad de los símbolos y las imágenes, llegan a montar koanes e historias sobre el Buda y sobre Bodhidharma de carácter lúdico o ridículo para iluminar al discípulo. No necesitan mostrar temor por Dios ni por Alá (que significa Dios en árabe, no se trata de otro Dios ni nada por el estilo), ni por el Buda. O el buda, con minúscula, si se prefiere.

Un par de anécdotas, la primera es del Gautama histórico, la segunda es un koan del siglo XVIII.

Una vez llegó a hablar con el Buda un mahatma, un sabio hinduista, que estaba muy enfadado, y le preguntaba si él creía en Brahma (Dios y espíritu del mundo, para comprendernos, una fusión entre la Gaia griega y nuestro Dios católico actual), a lo que el Buda le respondió: "Preguntarse eso es como estar en una casa en llamas y preguntarse si alguien inició el fuego o no y quién lo inició, cuando lo más importante es salir de la casa. Mis enseñanzas están orientadas a sacar a las personas de la casa en llamas."


Una vez el político Kitagaki fue a visitar al maestro Keichu, que dirigía el enorme templo de Tofuku-ji en Kyoto (en su momento, la capital del país). Cuando llegó allí le entregó una tarjeta de visita a un discípulo del maestro, en la que estaban escritas las palabras: "Kitagaki, gobernador de Kyoto."

Cuando el discípulo le llevó la tarjeta a su maestro, Keichu respondió: "No tengo nada que ver con ese tipo. Dile que se largue de aquí."

El discípulo volvió a Kitagaki pidiéndole disculpas por el comportamiento de su maestro. Kitagaki respondió: "No pasa nada. Ha sido culpa mía." Y con un lápiz tachó las palabras "gobernador de Kyoto"; acto seguido le devolvió la tarjeta al discípulo. "Inténtalo de nuevo."

Cuando el maestro volvió a leer la tarjeta, exclamó: "¡Oh! ¿Es Kitagaki? Dile que pase, quiero verle."

Éstos son dos ejemplos de la fascinación que poseo ahora mismo por el sistema budista y en especial el zen, la historia de cómo llegué a elegir ciertas normas y enseñanzas de su cuerpo teórico y práctico es un asunto personal. De todas formas, queda un largo camino por recorrer. Algo más podré explicar en el siguiente capítulo.